Un emprendedor en cuarentena

Son las 3:00 pm. Es viernes 27 de marzo. Nuestro noveno día de cuarentena. Desde que se anunció el primer caso del nuevo Coronavirus en el país intentamos reducir nuestras salidas, los encuentros con clientes y limitarnos para lograr el distanciamiento social que se sugería.

A penas han sido dos semanas desde que se decretó Estado de Calamidad y seis días del toque de queda impuesto por el Gobierno. La mayoría de guatemaltecos hacemos esfuerzos para mantenernos aislados del resto. Y yo en realidad me sentiría menos agobiado, pero somos emprendedores como un gran porcentaje de personas en nuestro país. Estamos por llegar a fin del mes y la imagen se nos pone en blanco y negro cuando vemos nuestro presupuesto.

El Covid-19 nos ha dado una bofetada. Comenzamos a temerle. Pero con forme pasan los días las preocupaciones se dividen entre nuestra salud y la economía.

Es claro que nadie podía predecir lo que pasaría. De un día para otro asumo muchos nos topamos con que los clientes anunciaron el retraso de pagos. Algunos hablaron de aplazar proyectos. Y solo otros pocos han sido consecuentes en mantener su vida intentando que la crisis no les rebalse.

Esta tarde decidí tomarme unos minutos para platicar con ustedes. El día estuvo despejado, es un día de verano aunque no fue tan caluroso. Estoy en mi pequeño jardín disfrutando del aire y el sonido que se escucha cuando las hojas chocan entre ellas. 

A pesar de la dura realidad en la que vivimos hay cosas hermosas. La visita de nuevas especies de aves a nuestro pequeño jardín es una de ellas.

Mi esposa trabaja en un nuevo proyecto porque aun confinados no podemos dejar de trabajar. Yo decidí tomarme el tiempo de contarles que extraño nuestros días normales de trabajo. Los que inician a eso de las 7:00 am cuando nuestro amigo y compañero llega al taller. Él viaja todos los días desde una aldea de San Juan Sacatepéquez. Es un guatemalteco trabajador, con pocas oportunidades durante su niñez y adolescencia, pero muy talentoso.

A las 8:00 am nos reunimos para discutir diseños, ver avances de proyectos, cuantificación de material y proyectos urgentes. Comenzamos la jornada, la maquinaría lista para empezar y crear. Al final del día estamos cansados, en ocasiones aserrinados, pero es parte del proyecto. Nosotros realmente disfrutamos desarmar tarimas, trabajarlas y convertirlas en piezas únicas con diseños únicos.

Quizá me aturdo en este momento, pero pese a que el día era largo porque después del taller hay cotizaciones y diseños en digital que trabajar al menos sabíamos que había trabajo. Pero no vamos a ponernos pesimistas. El miedo en ocasiones nos traiciona y hace que las personas actúen de una forma irracional. El país como el mundo está desestabilizado. Al principio nosotros nos pusimos a temblar porque no sabíamos que iba a pasar. Pero ahora entendimos que la ansiedad es el temor al futuro. Pero del futuro quien puede hablar. Son las 3:59 pm. Las sirenas de las patrullas comienzan a sonar. El toque de queda empezó nuevamente. Mañana esperemos que sea un mejor día. Nuestro principal deseo es que todos tengamos comida, un techo, servicios básicos y por supuesto salud. Bueno. Me he extendido un poco. Pero ahora debo continuar con un diseño para una puerta y un huerto que nos acaban de solicitar. 

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